13 septiembre 2015

TRES VIÑETAS DEL FORO DE AUTOGESTION OBRERA

(MNER-CTEP, UPEA, JSP, SECRETARIA DE PARTICIPACION CIUDADANA DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES, ÁREA DE ESTUDIOS POLÍTICOS LATINOAMERICANOS DE LA FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN DE LA UNLP, CÁTEDRA LIBRE DE FÁBRICAS RECUPERADAS DE LA UNLP”)

PH: Lidia Villar

Quisiera compartir con el curso algunas impresiones que me dejó el Foro de Autogestión Obrera, como adelante quizás de encuentro del Jueves. Son tres viñetas, aquí la primera. 


1.- El primer cuadrito de la viñeta tiene como escenario la esquina del viejo edificio de Humanidades, 7 y 48, una tarde de primavera del año 2001. La facultad estaba tomada y nosotros, en la calle, participábamos de la toma a través de una clase pública en la que Horacio González se debatía con Scalabrini y Sorel, ponele. En un momento se nos acerca un muchacho y nos dice “disculpen compañeros, vamos a molestarlos, pero tenemos que pasar”. Desde 47 venía atravesando toda la avenida una gran bandera de la UOCRA, y detrás media cuadra de, literalmente, descamisados.
Eran años donde las marchas pasaban por calle 7 más seguido que el 273. Entonces, en el segundo cuadrito de esta viñeta, nosotros nos subimos a la vereda con los bancos y, aplaudiendo, dejamos pasar a la marcha que, por su lado, se detuvo también a aplaudir. Creo recordar un “obreros y estudiantes unidos siempre están”, pero la memoria suele tentarnos con esas épicas. En todo caso, esas dos imágenes quedaron siempre en mi memoria como un señalador del libro de nuestras biografías sociales. Esa metáfora de un encuentro que no era tal, sino más bien un anhelo. Ese sentir de que algo pasaba, que salimos a ser parte, pero que la historia estaba siempre un paso más allá, ahora ya cruzaba 49.
Por eso, que en el tercer cuadrito estén aquellos, aunque otros, llenando un aula de la misma facultad genera esa sensación de cita con la historia. Porque a pesar de la poca difusión institucional que tuvo el encuentro, la presencia de un tercio de universitarios le puso la cuota de color local a un encuentro colmado por otras voces a las que estamos acostumbrados a escuchar.
Algo así se escenificó cuando al comenzar el encuentro Antonia hizo una especie de auto critica académica señalando que historia estará siempre un paso delante de nosotros, a lo que Hugo, uno de los que expusieron, le retrucó que ellos no sentía que la historia estuviese un paso adelante. Hermoso desaguisado entre los que están en la historia y los que no. Porque eso fue de lo que se trató, un nuevo modo de pensar los claustros, no hablando del “objeto de estudio”, ni capacitándolo, ni inyectándole conciencia, ni transfiriéndole conocimiento, ni nada. Por un rato la academia callo para alojar en su espacio la palabra del otro, esa palabra tan traducida y explicada y, entonces, desdibujada.

En el último cuadrito, cualquiera de los que expusieron allí, está con el micrófono en una mano agradeciendo a los compañeros la presencia porque si no fuera por los compañeros que resistieron y los no tan compañeros que traicionaron1… Y ese compañeros queda en el aire como una gran cita con aquel compañero que un día pidió permiso para pasar por la historia.




1 Alojar la palabra implica justamente el gesto de encontrar estas distancias del lenguaje. No creo recordar un espacio académico donde la cantidad de “compañeros” superara los “en este sentido”. Pero también se hace de los encuentros, y “en este sentido” (sic) la palabra compañero sonaba como cualquier nota al pié en un paper científico. Porque si estamos habituados a leer los papers a través de las citas, que es el modo en que se leen, reconstruyendo el sistema conceptual del autor, el estado del arte; entonces, las referencias al compañeros, Nestor, Daniel, Francisco, Hugo, Miguel, son el sistema de citas, como le gusta decir a Horacio, también “legados y “linajes”, el campo de posiciones que constituye la condición de posibilidad del discurso. 

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